
Querido taller
Hace dias que vengo pensado en escribirte. Siento que no te agradezco lo suficiente y te manoseo mas de la cuenta. Todos los dias hago mugre, muevo los muebles o te perforo una pared. Quizás estés cansado de todo eso y te gustaría arreglar tu instalación eléctrica o el entrepiso. Muchas gracias por aguantar todo lo que te hacemos.
Lo que te hacemos en plural, porque cada día viene mas gente a usarte. No cumpliste el sueño valeriano de ir a la escuela pero de cierta forma te convertiste en una, nadie sabes si es por tu vocación de compartir o de aprender. Creo que deberíamos tener estantes para quienes vienen a aprender, que cada uno tenga su pequeño rinconcito. Sera que tenemos espacio?
Hay veces que siento que sos una extensión de mi cuerpo, o mas bien tus herramientas. Es raro, porque sos mi cuerpo y la caja que me contiene. A veces siento que esa contención es demasiada y me dan ganas de romperte las paredes. Explorar otros lugares, mudarme o abrir y convocar. La verdad es que extraño tu mirada a la calle, siento que estas un poco ciego y escondido.
Quiero ser sincero contigo, la verdad que a veces no me gusta como oles. El olor a pegamento y solvente no me gusta. Me gusta cuando oles a café y comida. Bendita deformación profesional la de compartir la mesa. Mi momento favorito es cuando hay grupos con comida, las mejores visitas son las que traen algo para compartir y ni que hablar las que vienen a cebar mate y a dar charla. Te confieso que mi rincón favorito de ti es el que se parece a una cocina con su jara eléctrica, tazas y yerba.
No me extiendo mas porque debemos de seguir trabajando.
Estoy contento de venir todos los dias.
Con mucho cariño
Manu























